 CUANDO LAS AGUAS RETORNAN
Angel Pascual Rodrigo. 1981 Oleo / tela. 37 x 60 cm. Coleción particular
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La
Hermandad Pictórica
y las nuevas tendencias
de la pintura
figurativa
Julián
Gállego
Trascripción
de su conferencia
en
galería S'Art, Huesca
noviembre de
1982
El
autor
alemán Peter Seger, en un libro publicado el año pasado,
por Alianza Editorial, que se titula: "Nuevas formas de realismo",
escribe lo siguiente:
"El
arte plástico moderno que busca una nueva realidad, tras haber
perdido otra anterior, se ha alejado cada vez más de la
naturaleza, de lo real y reproducible. Este desarrollo se
efectuó tan consecuentemente que Werner Hoffman pudo escribir:
"El imperio del realismo occidental parece haberse extinguido. Tras
emanciparse el arte de sus deberes religiosos-sacrales, su segunda
emancipación, la de los vínculos del mundo
fenoménico, fue indudablemente la de mayor trascendencia. Esta
expansión del arte, acentuó, sin embargo, progresivamente
el camino hacia su propio mundo, la libertad de un espléndido
aislamiento".
Es decir que tras renunciar a
traducir al lenguaje del cuadro el espectáculo exterior, el
pintor evidentemente logra una libertad mucho mayor, pero esta libertad
es en cierto modo un espléndido aislamiento, como este autor
señala, hacia su propio mundo. Cada autor se sentirá,
hasta cierto punto encerrado dentro de su propio estilo y dentro de su
propia obra. Pero en fin, esto ha sido --y aquí no se trata de
valorarlo o no-- esto ha sido la tendencia dominante de la pintura
europea en los artistas de mayor interés entre 1910 y 1920, esta
década maravillosa que se quedó truncada con la guerra
pero que continuó desde entonces. Para estos artistas, la
"vanguardia", al ser de "vanguardia", el tener un arte nuevo era un
deber moral. Para unos, que eran los "constructivistas" rusos, se
trataba de buscar formas nuevas para una sociedad nueva; así lo
trataban de hacer Tatlin, Rodchenko, Malevich, etc.., para otros como
los "futuristas" italianos se trataba de reaccionar contra lo anterior
y de expresar la actividad frenética de nuestro siglo a
través del arte, en lugar de plasmar una visión
estática como se había hecho generalmente hasta entonces.
A partir del "Dada", desde los "dadaístas de 1917 en adelante,
lo que se pone en cuestión ya no es la obra de arte en sí
misma como concepto, es decir, si hay que pintar de una manera o de
otra, sino el papel del artista y de la obra de arte dentro de la
sociedad, si realmente tiene algún sentido el dedicarse a pintar
dentro de una sociedad cuyos valores están tan en crisis, que ha
producido la guerra más terrible conocida en el mundo. Por lo
demás, dentro de una tendencia, hasta cierto punto muy similar
al "dadaísmo", Marcel Duchamp considera que hay que dudar de
toda obra de arte que esté separada de la vida común,
deja de ser realmente ese arte sincero e interesante, esto es lo que
Duchamp cree.
Un vector que todos admiten,
que es la libertad tanto en la elección como en la
creación artística, puede llevar a callejones sin salida,
como el callejón, por ejemplo, del "constructivismo" ruso, de la
"vanguardia" rusa que fue la "vanguardia" más extraordinaria
hasta 1920, que fue tolerada y hasta cierto punto protegida por el
primer director general de Bellas Artes ruso después de la
Revolución, pero que después, cuando cayó bajo
Iranov, fue absolutamente reprimida por éste y, hasta cierto
punto, por Lenin; consideraban que el arte es pagado por el pueblo, que
los artistas son artistas que trabajan para el pueblo, y que aquellos
que hagan un arte que el pueblo, con el que ellos mismos no
están de acuerdo --pues se dio el caso de que llegaron a las
manos unas "vanguardias" con otras dentro de la Rusia de la
Revolución--, pues verdaderamente, un arte que nadie
comprendía salvo los "iniciados" de cada una de esas "capillas",
que ni entre ellos estaban de acuerdo, y que había de ser para
el pueblo --y que según las ideas de Lenin, tenía que ser
un arte al mismo tiempo pedagógico, a través del cual el
pueblo se educara para formar una sociedad mejor-- era un arte
inútil. A partir de este momento se cayó, en lo que se
llamó el "Realismo Socialista" que fue volver a tópicos
del siglo XIX con ideas nuevas, pero con unas técnicas
absolutamente pesadas.
Las manifestaciones
más válidas de la "vanguardia" eran no-figurativas o
simulaban serlo. Se ha dicho que Cezanne rompió la tetera de la
figuración, los "cubistas" la arañaron un poco a
contrapelo y a partir de 1920 las "vanguardias" la trituraron y el
"surrealismo" terminó de pisotearla.
Había una exigencia de
lo geométrico, de lo claro, de lo puro, de lo nuevo y, por
ejemplo, nuestros críticos de entonces como: Ramón
Gómez de la Serna o Guillermo de la Torre, saludaron las
manifestaciones artísticas nuevas como las exposiciones de las
tiendas, los decorados y los trajes que proyectan el "matrimonio de
ironía" en Madrid, como el alba de una sociedad nueva,
también de un arte aplicado a la vida. El mundo tiene esta
especie de preocupación de que el arte refleje la vida nueva y
que este siglo XX tiene que ser totalmente distinto en su arte a los
anteriores.
Esto da una gran cantidad de
expresiones más o menos abstractas a partir de 1910 sobre todo,
que es cuando Kandinsky realiza su primera acuarela no figurativa y a
partir de ese momento podemos decir que las tendencias más
progresivas, o que se consideran tales, en el mundo occidental son no
figurativas, salvo la excepción del "surrealismo". El
"surrealismo" que tiene su inicio en 1924 con la publicación del
manifiesto de André Breton, vuelve a la figuración, pero
una figuración muy especial, una figuración basada en lo
absurdo, en lo maravilloso, en lo fantástico, en lo que no tiene
una relación lógica con lo real. Hay que huir de la
lógica lo más posible, hay que negar todo salvo una
especie de instinto que nos hace relacionar por asociación de
imágenes o ideas, unas cosas con otras con la misma libertad,
con la misma independencia de todo sentido particular, como nuestra
mirada va posándose incansablemente de un objeto a otro, sin
seguir una lógica.
El "surrealismo" niega el
"dogma" de la calidad de la pintura, que es una cosa que anteriormente
había sido respetada; se consideraba que una pintura
tenía que ser de buena o de mala calidad por la manera de estar
pintada, ya fuera abstracta o figurativa. Para el "surrealismo" esto no
quiere decir absolutamente nada; de hecho, buena parte de la pintura
"surrealista" no tiene calidad en el sentido que se había dado a
la palabra calidad; el color como experiencia cromática tampoco
les interesa excesivamente; vuelven la mirada al "simbolismo", hacia
artistas, como hace Dalí por ejemplo, que habían sido
considerados "pompier" como Meissonier y Bouguereau, y cada uno de
ellos se dedica a explorar su subconsciente. Max Ernst en el mundo de
los sueños mediante la casualidad de sus "frotages", por
ejemplo, que consiste en frotar encima de una tabla con afloraciones
para ver que da de sí, etcétera; es decir, poner el azar
de parte del artista. Tanguy se interesa por el misterio del espacio
submarino, Dalí se interesa por sí mismo y unas
asociaciones de su propia obra al concepto del universo. Los más
avanzados se interesan por el arte del siglo XIX y, en este aspecto, ha
sido una verdadera osadía porque el siglo XIX, a partir del
"cubismo" y del arte abstracto, ha sido denostado. Y son los
"surrealistas los primeros que empiezan a interesarse por el arte
"académico" del siglo XIX, considerando que tiene sus razones de
ser y que todavía no ha dicho su última palabra. Se
interesan por el contenido "literario", cosa que está muy mal
vista en ese momento, se interesan por los antecedentes del
"simbolismo" partiendo de los pintores "nazarenos’ clásicos de
Roma de 1800, siguiendo por William Blake, por la Hermandad
"Prerrafaelista" de Bellas Artes de Inglaterra y terminando con el
"simbolismo", lo que no se admitía de ninguna manera.
Consideraban que la pintura real, la pintura pintura, de ninguna manera
podía ser literaria y que el carácter literario era lo
peor que podía tener una pintura.
Pero esta moda pasó;
el arte entra como siempre, en un terreno casi comercial, de
producción y consumo, que es en el que se encuentra en ese
momento y por lo tanto se debate entre los dos límites de toda
mercancía comercial: la novedad y la obsolescencia --es decir,
la facilidad para pasarse de moda--, y esta es una cosa que realmente
hace que el arte de nuestros tiempos esté siempre en esa especie
de vibración y de incertidumbre permanente, ya que por una parte
tiene que ser nuevo, pero esta novedad desaparece, como es fatal, al
cabo de dos o tres años y entonces vuelve a buscar otra novedad
y, al mismo tiempo, esta novedad tiene que ser perceptible para el
público, porque si es una novedad demasiado arriesgada puede no
funcionar, etc, etc, es decir, entra ya dentro de unas reglas de
producción que le acercan a la mercancía y, de hecho, las
grandes ferias internacionales que se celebran actualmente, como la de
Basilea, la Fiac de París o el Arco de Madrid son, en realidad,
comparables a las de cualquier mercancía. Es ver a los artistas
abiertos en canal, ver que es lo que producen y que resultados dan,
económico evidentemente, pues si no da resultado
económico la cosa no marcha.
Pero poco a poco este arte se
va posando y a mediados de siglo podemos decir que el arte dominante en
nuestro siglo es la arquitectura. La arquitectura, porque en un siglo
de tecnicismos ha conseguido unas realizaciones que no se habían
alcanzado en los anteriores, y al mismo tiempo este arte siempre
había sido abstracto, con lo que no choca a nadie, la
arquitectura figurativa es muy rara verdaderamente, y siempre ha estado
en relación con una geometría elemental, con lo que puede
seguir las tendencias más avanzadas, el racionalismo por
ejemplo, sin molestar a nadie. Esto hace que la arquitectura se erija
un poco, a partir de la Bauhaus sobre todo, en dueña y
señora de las demás artes. Hasta tal punto que yo creo
que es la arquitectura la que marca el camino de la creación de
las demás artes, por lo menos hasta mediados de nuestro siglo.
Hay una íntima
relación entre las artes plásticas "post-cubistas": la
arquitectura muchas veces parece escultura, ustedes pueden recordar,
por ejemplo, los edificios de Oscar Niemeyer en Basilea que son
bodegones cubistas, como esculturas en realidad. Pueden recordar la
iglesia de Ronchamp de Le Corbusier en forma de barca, es arquitectura
casi figurativa.
La pintura como la escultura
basada en modelos arquitectónicos se pone de moda especialmente
a partir de los años cuarenta, se dice que un cuadro está
bien construido, que un cuadro tiene una sólida arquitectura,
que tiene entramado, que tiene buena carpintería; es decir,
cosas que se le podrían decir a un albañil se le dicen a
un pintor, y lo peor que puede tener un cuadro en esos momentos es no
estar construido precisamente, es decir ser un cuadro vaporoso. Por
eso, estamos últimamente descubriendo a Murillo, que
sencillamente fue denostado porque se le encontraba que no era
sólido, que no tenía --la tiene evidentemente— esa
arquitectura que se buscaba en el arte, de tal manera que los pintores
exageraban la geometría monumental y los cuadros marcaban, casi
siempre, las verticales y las horizontales para demostrar que aquello
se sostenía de una manera casi arquitectónica, y esto
incluso en los motivos figurativos menos adecuados.
Pero en cambio se evitaba
hablar de todo contenido espiritual, se evitaba todo lo que oliese de
lejos a lo que se podía llamar literario, porque esto se
consideraba el peor defecto. En el fondo se estaban estableciendo unas
reglas preceptivas tan arbitrarias y tiránicas como las que
habían tenido las academias del siglo XIX. Pero evidentemente la
abstracción aburría a algunos, Bacon por ejemplo ha
confesado que a él le aburre y que realmente no concibe un
pintor que pinte abstracto toda su vida sin caer en lo decorativo, o en
el aburrimiento. Picasso ha flirteado con la abstracción pero
nunca ha sido un pintor abstracto. Picasso, Bacon, como otros
más, abren paso a otras formas de vanguardia porque de hecho hay
que reconocer que el hombre se ve reflejado en todo lo que ve, esta es
la marca de fabrica del hombre, este narcisismo permanente que hace que
cualquier cosa que vea en el mundo la refiera a su propia persona y,
verdaderamente, incluso cuando pinta informalísticamente o
geométricamente está pensando en sí mismo.
En este momento, en que ya se
está perdiendo esta especie de ortodoxia de que la pintura es
una cosa plástica que no ha de contener ningún valor que
no sea precisamente el valor constructivo, empieza a abrirse paso
cierto interés por las místicas, ortodoxas y heterodoxas,
tanto cristianas como orientales, es el momento en que empieza a
descubrirse la pintura "romántica" que hasta el momento estaba
olvidada y artistas como Géricault, Delacroix pasan al rango de
los grandes artistas de todas las épocas por primera vez en la
historia.
Y con esto tocamos una
especie de "neo-romanticismo" que se da en nuestro tiempo y que me
incita a hablar con citas de algunos idearios "románticos". El
poeta alemán Schiller, en un ensayo que publica en 1795, es
decir, a finales del siglo XVIII, que se titula "Cartas sobre
educación estética del hombre", dice: "Lo que distingue y
realza al hombre es precisamente la facultad de convertir la obra de la
necesidad en la obra de libre albedrío, y la necesidad
física en necesidad moral. Los antiguos recibían su forma
moral de la naturaleza que todo lo une, mientras que nuestros
contemporáneos la toman del entendimiento que todo lo fragmenta.
La salvación de la humanidad está en el arte y la
belleza, liberados de la corrupción, si el artista abandona lo
real, la inteligencia, y se esfuerza por encarnar el ideal, por la
unión del posible y lo necesario lanzándolo
tácitamente hacia el tiempo infinito." Y termina Schiller
aconsejando a los artistas: "Vive en tu siglo pero no seas su hechura,
trabaja para tus contemporáneos pero no hagas lo que elogian
sino lo que precisan." Es una cosa que Schiller escribía a fines
del siglo XVIII y que resulta de nuevo aplicable en los años
cincuenta.
En España la
generación de los sesenta está perfectamente reflejada en
el Museo de Cuenca. Es fundamentalmente abstracta, pero en algunos con
contenidos espirituales, ya sea un "expresionismo" abstracto como el de
Viola, de Millares... o un "geometrismo" más místico que
podría ser la posición de Sempere, de Zóbel, de
Torner... Pero hay que reconocer que en los años
cincuenta-sesenta lo "moderno" en Madrid, Zaragoza, Barcelona es lo
abstracto. Los señores que están al día hacen
pintura abstracta, y lo que se considera lo "moderno", el arte de
"vanguardia", es el arte "no-figurativo".
Pero muy pronto vino la
reacción, a veces dentro de los mismos pintores que
habían pintado "no-figurativo", por ejemplo Aguayo que
pasó como Nicola de Staël de una pintura abstracta a otra
cada vez más figurativa. Y en 1970 podemos creer que lo que
podemos llamar "ortodoxia" de la abstracción se ha roto; ya no
se considera necesario que un pintor tenga l deber de ser abstracto si
quiere ser "moderno". Se considera que cada cual tiene el derecho y el
deber de seguir su propio instinto, y sus propias necesidades y que sin
que se abandone lo abstracto, se sigue cultivando, se puede pintar
figurativo perfectamente, y la vuelta a la figuración de algunos
pintores importantes muestra que realmente dentro de la
figuración empieza a haber un interés mayor.
Evidentemente no se vuelve a la figuración tal y como era antes
de estos movimientos de "vanguardia", la figuración en la que el
artista se desenvuelve en España, y en todas partes, hacia 1970,
es una figuración en la que ha quedado el peso y el poso de
todas las vanguardias que ha habido en los cincuenta años
anteriores.
Es decir que la vuelta a la
figuración no consiste en hacer tabla rasa de todo lo que se ha
inventado a partir de 1910,sino sencillamente cada cual lo utiliza a su
manera, de este modo resulta que en vez de haber una pintura figurativa
como más o menos podía haberla en 1850, hay una enorme
cantidad de tendencias diferentes de dicha pintura en nuestro tiempo.
Por ejemplo el "neosurrealismo", que consiste en revivir el
"surrealismo", que estaba un poco decrépito, y hacer un arte
basado en el instinto, en lo lírico, en la libido, en los
sueños, en la asociación de ideas, de imágenes. De
modo que la lógica intervenga lo menos posible, y que el artista
pueda lanzarse a la realización sin ningún prejuicio
moral y estético. Esto será un surrealismo nuevo, muy de
moda todavía en algunas esferas, especialmente en Europa Central.
El "hiperrealismo" que es un
realismo llevado a su extremo, como indica su prefijo, y que consiste
en hacer una obra más realista, si es que cabe la palabra, que
la realidad misma, exagerando sus perfiles, sus contornos, sus
relieves, hasta que partiendo de la fotografía se consigue hacer
una cosa mucho más saliente del cuadro que la fotografía
misma. Esto ha tenido en España bastantes cultivadores de
talento.
El "objetismo", un realismo
de nuevo estilo que consiste sencillamente en coger un objeto y
aislarlo, y a partir de un momento combinarlo con otro. Al exponer este
vaso de agua, por ejemplo, este objeto es arte. Desde que Duchamp hizo
experiencias parecidas en Nueva York en 1913, se considera que
evidentemente el que un objeto sea artístico o no, no depende de
reglas porque no las hay sino de la voluntad del artista que lo expone.
O sea, que si un artista decide que este vaso es una obra de arte, pues
obra de arte será puesto que nos lo asegura, ya que no hay
ninguna regla que prohíba que este vaso sea una obra de arte.
Entonces, si este vaso lo aislamos de su contexto general y lo
exponemos en un pedestal se convierte en una obra, que es lo que los
"objetistas" exponen, por eso se llaman "objetistas".
La "nueva figuración",
una tendencia que se ha dado bastante en España, y que consiste
en hacer una figuración a base, como si dijéramos, de
fragmentos un poco intestinales, con un criterio expresionista muy
claro. El "realismo crítico" que todavía es más
expresionista y que se acerca al "realismo socialista", que son figuras
de "realismo" muy tomado en el concepto exacto que tenía cuando
Courbet lo inventó, cuando se empezó a emplear la palabra
a mediados del siglo XIX, que consiste en presentar la realidad tal
como es, decían ellos, para tratar de mejorarla. Es decir tanto
el "realismo crítico", como el "realismo socialista" tratan de
aleccionarnos a través del arte, a través de una realidad
que se considera perceptible para tratar de que la vida sea mejor. Esto
no quiere decir que la obra de arte sea o no mejor, pero la
intención es buena.
El "realismo
fotográfico" consiste sencillamente en coger un ana
fotografía y copiarla, cosa que es bastante complicada y un poco
aburrida pero que mucha gente hace, la copian unas veces directamente
poniendo la fotografía junto al cuadro o dibujo, y otras
proyectando una diapositiva en un lienzo sobre el que se ponen a pintar.
El "pop-art" es absolutamente
diferente, se trata de expresar una especie de infracultura, la cultura
suburbana, "undeground", de "Chupa-chup", de "comic", de "tebeo", de la
barriada... y con esto tratar de expresar una realidad nueva. La
figuración "narrativa" que se puso muy de moda en los sesenta y
que ahora parece que está un poquito de capa caída,
consiste en presentar las pinturas como si fueran una historieta, con
escenas sucesivas cuya lógica puede ser mayor o menor
según los casos.
El "ingenuismo", o sea lo que
se llama ahora de una manera un poco abusiva pintura "naif" que
consiste simplemente en pretender, a estas alturas, que un pintor no ha
visto nada del mundo y que pinta por instinto y sin que nadie le haya
enseñado, cosa, hoy, absolutamente imposible. El pintor
más ingenuo del burgo más alejado de África
Central ha visto reproducciones, fotografías y, verdaderamente,
conservar esa pureza de buen salvaje es una cosa, como puede verse en
las exposiciones "naif", bastante imposible, pero se da con bastante
éxito.
Si les digo que ya llevan
muchos años celebrándose bienales y trienales de "arte
ingenuo" pensarán que, evidentemente, es muy difícil
resistir tres o cuatro bienales en Bratislava o Atenas y seguir siendo
ingenuo. Esto me recuerda el caso de un pintor "ingenuo" que
conocí en París y que me dijo: "Este le va a gustar
más que los demás porque es el más ingenuo" y le
dije: "Verdaderamente". Bueno, pues esto es el "ingenuismo".
El "neomodernismo", que se
está dando últimamente bastante, es el volver a las
formas un poco sinuosas y alegres de la linea del látigo dentro
de la figuración de nuestro tiempo. Está en
relación con lo que se está llamando ahora, con un poco
de abuso, la "transvanguardia", parece que de repente estamos cansados
de ser "vanguardistas", y está de moda una pintura
"transvanguardista" que es la que se ve este año, por ejemplo,
en la Bienal de Venecia, en Kassel o en Nueva York, se la encuentra uno
por todas partes. Consiste en una figuración desordenada, una
especie de "expresionismo alemán" de los años diez pero
peor pintado y sin ningún móvil claro, es decir, se trata
de aprovecharse de un modo un poco ecléctico que, en lugar de
obstinarse en crear formas nuevas de arte, del pensar que el artista no
tiene más remedio, como las señoras que van de saldos,
que ir a los saldos de la cultura y coger un retal de un sitio, otro de
otro y con eso organizar un cuadro que parezca un poco nuevo a base de
refritos más o menos rápidamente hechos; esta idea
está de moda sobretodo en un grupo italiano opulentísimo
que ha conseguido hacerse el dueño del mercado internacional, y
precisamente dentro de esa "transvanguardia" que no manifiesta
interesarse por la perfección de la obra; la pintan como con
desgana, hasta cierto punto son "conceptuales".
Saben ustedes que el arte
"conceptual" consiste en plantear la obra y no realizarla, queda en la
mente, se dan unos cuantos datos al espectador y se dice: "Con estos
datos haga usted lo que quiera, aquí tiene una carta, un vaso de
agua, una fotografía y un chalet, y con esto organice el
novelón o la plástica o lo que le dé la gana,
porque yo no tengo el tiempo de hacerlo." El "conceptualismo" ha
llegado a tales extremos que he visto, por ejemplo, hace ya años
por lo demás, pues no es que sea una cosa muy nueva, a un
señor que estaba sentado en una exposición colectiva en
París y encima había escrito en la pared: "Yo soy un
artista", con esto el concepto se quedaba dentro del propio artista y
no tenía que molestarse ni en dar una mala fotografía, ni
un mal texto; y con esto iba mucho más lejos que Duchamp cuando
decía: "el objeto, este vaso, es artístico porque lo digo
yo, lo he comprado en la tienda de enfrente, pero como lo pongo
aquí suelto, es un objeto de arte", y funcionó. Recuerdo
dentro de estas anécdotas curiosas, y que eran por lo
demás unos aspectos muy serios del arte, a una pintora argentina
que en un salón internacional de París expuso hace
años a su hijo en un "moisés", y verdaderamente era una
obra de arte, un niño siempre es una obra de arte, lo
había hecho ella, y además le había costado nueve
meses. O sea, que tenía todo el derecho a exponerlo y el
niño se pasó allí toda la exposición,
supongo que por la noche se lo llevaría a casa, era otra obra,
la más realista de todas, verdaderamente. Cuando nos dicen como
gran mérito de una pintura: "mire lo realista que es que parece
que la mano se sale del cuadro", este niño se salía de la
cuna pero completo.
El "expresionismo" que
pudiéramos llamar "dinámico", que es el de Bacon,
representa las figuras como si estuvieran en moviéndose, como si
hubiera un desenfoque fotográfico que tratase de captar esta
cosa que ha sido siempre terrible, y que veremos como los artistas
representados en esta exposición esquivan o sortean, que es el
choque del tiempo con el espacio. Es decir, en una obra,
estática necesariamente como es la pintura, representar el
movimiento ha sido siempre uno de los grandes problemas y tanto Bacon
como Barjola lo hacen a base de deformaciones que nos evocan una
fotografía mal expuesta, no expuesta suficientemente, en la que
el personaje se mueve o se va, y esto ha sido hecho con un enorme
talento; Bacon ha sido uno de los señores que ha conseguido lo
que se proponía con mayor exactitud, le llamo aquí
"expresionismo dinámico" por llamarlo de alguna manera.
Hay otro tipo de pintura
figurativa, también muy de moda en nuestro tiempo, que consiste
en reproducir detalles mínimos, por ejemplo un botón o un
trozo de nariz en escala gigantesca, podríamos llamarlo
"gigantismo detallista". Stevenson hizo un retrato del Cordobés
entero pero necesitó la torre Eifel para colgarlo, debía
tener algo así como 100 m. de alto. Pero lo más recuente
de Stivenson es lo de la oreja en cuadro de 10 m2. o un trozo de ojo
con pestañas, o como aquel que se especializó en
sastrería, un ojal con un botón y cosas de esas; la cosa
tenía su aquel, era bastante impresionante y hasta cierto punto
estas cosas son como el "huevo de Colón" que una vez inventadas
parecen una tontería pero que había que inventar.
Dentro de todas estas
variadas tendencias a que aquí me he referido, pues el
título de la conferencia es "La Hermandad Pictórica" en
las nuevas tendencias de pintura figurativa", nos encontramos con esta
Hermandad como una especie de "nuevo simbolismo" con referencias a la
vez orientales y occidentales.
La Hermandad
Pictórica, como todos ustedes saben, está formada por dos
hermanos que se llaman Ángel Pascual Rodrigo, nacido en
Mallén en 1951, y Vicente Pascual Rodrigo, nacido en Zaragoza
cuatro años más tarde.
Angel comienza
trabajando en publicidad, mientras Vicente empieza a estudiar Bellas
Artes un poco "por correspondencia" y las abandona porque termina, como
a muchos les pasa, perdiendo la fe en sus profesores. Entonces, a
partir de 1970, se ganan la vida, y hacen su primera experiencia
artística, a través de una especie de carteles, de
"posters", sin publicidad que hacen juntos, colaborando de una manera
bastante curiosa porque realmente este tipo de colaboraciones es casi
medieval, es algo que en nuestro tiempo había desaparecido casi
completamente.
Con una autoconciencia
crítica que les hace a veces casi desesperantes, porque
están estudiándose permanentemente de una manera
introspectiva, se preguntan si lo que están haciendo en cada
momento es justo lo que han de hacer, si la tendencia que han asumido
es la buena, si lo que están haciendo es realmente serio, con
una exigencia verdaderamente tremenda. Parecen evitar lo instintivo,
parecen pensar como Leonardo que la pintura es una cosa mental.
Angel, gracias a
Vicente va hacia un concepto más pictórica, más
profundo, saliendo de sus resabios de la Escuela de Publicidad,
mientras que Vicente, gracias a Angel, deja la posición
de artista incomprendido para tratar de realizar una obra. Por esa
misma exigente modestia rechazan el óleo que encuentran
demasiado rico para empezar, encuentran que, como aprendices, no son
merecedores de empezar con el óleo y, como un principiante de un
conservatorio de música diría: no, yo no puedo empezar
con el órgano, es demasiado fuerte para mí; empiezan con
el temple hasta hacerse dignos del óleo. Técnicas planas,
técnicas hasta cierto punto semejantes a las de cartel, sobre
lienzo, con una busqueda de novedad que tiene éxito, que les
resultan fáciles, y esto les hace desconfiar inmediatamente de
sí mismos. En ese momento, que es hasta cierto punto el del
"hiper" y del "pop", cultivan una especie de "realismo-paródico"
irónico, absurdo, con unos montajes en "trompe-l'oeil" de los
cuales he visto el último que hicieron, o uno de los
últimos, en la Galería Edurne de Madrid, verdaderamente
con mucha gracia, con mucho talento.
Pero precisamente
desconfían de esta gracia, de este talento; son muy protestantes
en este sentido de siempre exigirse, muy calvinistas, casi
"hansenistas". Hoy, ese trozo de su obra lo rechazan casi totalmente y
casi se avergüenzan de haberlo hecho; pero creo que van demasiado
lejos en esto --a parte de que uno no debe avergonzarse nunca porque no
sirve para nada-- pues creo que era mucho más útil de lo
que ellos piensan que era, visto desde la perspectiva actual.
Tenían un poco esa especie de remordimiento de que no se
habían librado del lenguaje publicitario, pero
¿quién está libre de ese lenguaje en nuestro
tiempo? Les voy a citar una serie, unos poquitos artistas de primer
orden, consagrados en todo el mundo que son artistas publicitarios, y
que han cultivado la publicidad, y que siguen haciendo pintura de
publicidad: Warhol, Adami, Arroyo, Alechinsky, Hamilton, todos estos
son pintores que tienen un concepto de la pintura muy cercano al cartel
publicitario y que sin embargo están muy bien. Entonces,
después de estos remordimientos, la Hermandad Pictórica,
desorientada y desintegrada, decide separarse, Angel se marcha a
Mallorca y Vicente a la India; a Mallorca se marchan otra vez, o sea
que aunque rechazan esta primera experiencia se ve que el rechazo ha
sido como los injertos de corazón, el rechazo primero a sido
vencido y me parece que ahora va a haber una nueva Mallorca. Vicente se
fue a la India de donde volvió muy imbuido del misticismo
oriental, hasta el punto de que dentro de una especie de ascesis iba a
dejar la pintura, por fortuna no la deja y, a su regreso, trajo un
boceto que es algo así como aquel talismán que trajeron
los "nabis" de Pont-Aven, el talismán que fue un cuadrito, el
cual resultó milagrosamente que estar totalmente de acuerdo con
las ideas que Angel tenía en aquel momento sobre lo que
debía ser el arte. Entonces decidieron trabajar separados,
siempre es lo más difícil en ellos, nunca cogen la
solución más fácil. Deciden trabajar separados
porque trabajando juntos seguramente no serían tan sinceros, tan
puros, ni tan arriesgados; pero cercanos, es un poco como esos
filósofos americanos del siglo XIX, de la época
romántica que se marchaban al desierto, pero resulta que era un
desierto que estaba a 20 Km. De la casa Emerson, por ejemplo, y
podían ir a tomar un té por la tarde y después
volvían a su desierto. Pues un poco esto, "mutatis mutandis",
como diría un orador jesuita. Los hermanos de la Hermandad, el
uno en Montmesa y el otro en Rasal -- Rasal está al norte de la
sierra de Marcuello y Montmesa al sur, como ustedes saben-- estudiaban
la naturaleza, no como ruptura sino como integración. Siguen
haciendo algún montaje, el que hicieron en Madrid en 1977 yo lo
consideré verdaderamente interesante. Ellos creen que han
perdido la ironía, porque encuentran que no hay derecho a ser
irónicos y que serlo es no ser una "buena persona"; pero creo
que todavía les queda un poco sin que se den cuenta.
Cada vez muestran un mayor
entusiasmo por lo primario popular, por las culturas primigenias,
así como se distancian del "pop"; el artista del "pop-art" trata
de ver estas manifestaciones, pudieramos decir un poco "underground" de
la cultura, con un distanciamiento, como diciendo: "yo encuentro esta
casa de barrio, yo la comprendo porque soy más inteligente". Los
hermanos de la Hermandad adoptan una posición totalmente
distinta, ellos quieren integrase dentro de la naturaleza con una
humildad absoluta, entonces van dejando los montajes y van pintando
cada vez más.
Empiezan a tener
remordimiento, ya digo que es una vida de remordimiento, por el nombre
de "Hermandad Pictórica" que les parece demasiado personal, con
aquel tono de su ironía y con un cierto tono, que desde luego ha
resultado serlo así, estupendo de publicidad, porque realmente
es un nombre que tiene mucha gracia y casi han estado pensando en si
tendrían que abandonarlo y por fin, afortunadamente, no lo han
hecho.
Siguen pintando, no tratan de
romper con el pasado, añoran las culturas tradicionales y Angel
cita una frase de George Rowley del libro "Principios de
la pintura China" que dice: "Un pintor chino evita reproducir los
logros de la ingeniería, o todo cuanto sugiera la conquista de
la naturaleza por el hombre, al igual que evita reproducir las ruinas o
destrozos materiales que evidencien el dominio de la naturaleza sobre
el hombre". Es decir, no se trata pues de representar el mundo
inhabitado, aunque de hecho han estado haciéndolo durante
bastante tiempo, como si el mundo no pudiera sufrir más
desperfectos por parte del hombre, ni tampoco quieren representar al
hombre como si fuera víctima de las fuerzas naturales.
Es una especie de
anonadamiento "panteísta", una especie de "franciscanismo
orientalizante" muy curioso. Recusan el "romanticismo", en esto no
estoy en absoluto de acuerdo con ellos, creen que el "romanticismo" a
la europea enfrenta al hombre consigo mismo, con su propio destino y
con la naturaleza exterior, unas veces como víctima, otras como
vencedor, tras huir de las convenciones de la civilización. Es
decir, el artista romántico huye de la ciudad para enfrentarse
con la naturaleza, a la cual puede vencer o ante la cual puede ser
vencido, pero no hay jamás --según ellos creen-- una idea
de conformidad, una idea de penetración, una idea de,
llamémosle así, sumisión o de absorción en
la naturaleza.
Sin embargo, yo siempre, en
cuanto he visto las obras de estos pintores, me he acordado de Gaspar
D. Friedrich, resulta que no he sido el único; por lo
demás, dicen que no tienen una tendencia centrifuga de huida de
la urbe sino centrípeta. Pero habría que pensar cuando
ellos pretender no ser místicos en el sentido religioso de la
palabra; yo leo aquí un texto que han elegido ellos mismos,
supongo, para uno de sus catálogos, que por cierto se
repitió, un catálogo del año pasado para una
exposición en la sala Libros de Zaragoza que dice:
"El
trabajo que desarrollamos es una
consecuencia de nuestra actitud ante la Naturaleza. A diferencia de
muchos pintores románticos no vemos en ella un reflejo de
nuestra propia subjetividad; cuando pintamos no buscamos un nuevo
lenguaje religioso y tratamos de no situarnos en una perspectiva
individualista. Antes bien, se trataría de recuperar la actitud
normal del hombre que se adentra en ella, sabiéndose en un
santuario, discerniendo y contemplando las diversa cualidades divinas
que se manifiestan bajo forma material. Para los indios "pieles rojas"
la naturaleza virgen es su libro revelado, en la medida en que sepamos
leer en él, nuestra pintura será vehículo
trasmisor de su mensaje. Un indio de la tribu Siux Oglala decía
así: 'Debemos comprender que todas las cosas son obra del Gran
Espíritu, debemos saber que Él está en toda cosa,
en los árboles, la hierba, los ríos, las montañas
y todos los cuadrúpedos y pueblos alados, y lo que aun es
más importante, debemos comprender que Él está
también más allá de todas estas cosas, y de todos
estos seres. Cuando hayamos comprendido todo esto profundamente en
nuestros corazones temeremos, amaremos y conoceremos al Gran
Espíritu'."
Estas ideas no están
en absoluto, a mi manera de ver, reñidas con el romanticismo
europeo, especialmente en los pintores y pensadores alemanes que a
mí más me interesan, está perfectamente
relacionado con estas ideas y podría hacerlas suyas. Dice, por
ejemplo, Federico Sleger, en su discurso "Sobre la relación de
las artes figurativas con la naturaleza" escrito en 1807:
"¿Qué
es lo que llamamos
naturaleza sino un poema oculto bajo una escritura misteriosa?."
En realidad, Sleger en 1807,
está empleando casi las mismas palabras que casi medio siglo
después va a emplear Baudelaire:
"La
naturaleza es un templo que nos hace
señales a través de una serie de símbolos. Las
artes del diseño son intermediarias entre el alma y la
naturaleza, siendo ésta la fuerza universal y divina que saca
todas las cosas de su seno, eternamente creadora, en incansable
actividad, da cada día a luz productos nuevos."
La Hermandad admira a los
pintores chinos, a los grabadores japoneses, especialmente a los
más populares como Hokusai e Hiroshige, a los pintores de la
India de las escuelas Mugol y Rajput, admiran también las
miniaturas persas y turcas. Es decir, todas las representaciones
detallistas y objetivas, sin este cuidado, que veremos luego, de
representar lo fugaz dentro del paisaje. Admiran igualmente a Fra
Angélico, en quien ven una supervivencia del concepto medieval
esto es, una mística, una especie de compromiso entre lo
material y lo empírico. Pero no hay que olvidar que, de todas
las formas, uno de los grandes creadores del Renacimiento italiano, y
esto el maestro Pier F. Castell lo defendía con claridad y
evidencia, es Fra Angélico, es decir que el concepto de luz en
su pintura no residía anteriormente en ninguna pintura medieval;
en este aspecto, considero que ha sido uno de los grandes renovadores,
pese al aspecto místico espiritual que puede parecer
medievalista.
No citan nunca a dos pintores
en los que siempre pienso cuando veo sus obras, Otto Runge y Gaspar
David Friedrich, los dos grandes pintores románticos alemanes de
principios del siglo XIX, pero si ellos son tozudos y aragoneses yo
también los soy. Mi querido y admirado colega Fernando Huici, en
un texto que la Hermandad Pictórica no debe desaprobar puesto
que lo han impreso en este catálogo que tengo en la mano, cita a
Gustav Carus que fue el gran discípulo de Friedrich, un medico
que escribió cartas sobre la pintura de paisaje y que se hizo
eco en sus escritos de las ideas que Friedrich llevaba a la
práctica: "Un pintor no ha de pintar lo que ve ante él,
sino lo que ve en sí mismo, es decir, ha de intentar hacer de
transmisión por medio del artificio de la naturaleza de la
visión", dentro de esta tradición Huici va
señalando las semejanzas de estos pintores con los
"románticos" y, evidentemente, con los pintores orientales: "La
exposición que presentan, se nos ofrece como una
invitación a un viaje mental", algunos de estos cuadros
están aquí, "es uno de los raros ejemplos de una
manifiesta supervivencia de una vía mística en nuestra
pintura, estos paisajes tratan de plasmar la visión
simbólica de una espiritualidad no comprometida en
tradición parcial alguna y, por tanto, no pueden recurrir a una
iconografía religiosa concreta. Como Friedrich hiciera en cierta
ocasión, la Hermandad ha querido representar a Dios en las
cañas, imagen de un instante que por sí sola está
condenada a desaparecer". Esto no lo digo yo, lo dice Huici y me alegro
mucho de coincidir con él. Friedrich pinta en 1808 lo que se ha
llamado el retablo de Tenten que es la primera muestra de un
sentimiento religioso en el paisaje "romántico" europeo.
El arte de la Hermandad
Pictórica, ensimismado en el sentido más exacto de la
palabra --entrar en sí mismo y quedar en una especie de
contemplación-- y, dentro de esta contemplación, llegan a
una percepción muy dura y neta, muy detallada de la realidad que
les circunda, pero centrándola en una especie de mensaje, de un
aura, como ustedes pueden comprobar en cualquiera de sus cuadros.
"Hay una eterna guerra con el
progreso en cada época", decía Friedrich, porque
dondequiera que en el mundo vaya a configurarse algo nuevo, por bello y
fidedigno que sea, siempre será combatido por lo viejo y
existente; sin embargo, no siempre podemos considerar como un progreso
en el tiempo la expulsión de lo existente por lo venidero". Dice
Friedrich en una carta que escribe en 1802: "En todas las flores y
árboles me resulta cada vez más claro que, como en cada
uno de nosotros se esconde cierto espiritu humano y una conciencia y un
sentimiento, y veo claramente que esto tiene que proceder del
Paraíso, precisamente en lo más puro que hay en el mundo,
sean los árboles, sea un paisaje en donde podemos descubrir a
Dios o su imagen, esto es lo que Dios llamó "hombre", cuando El
creó a los hombres como se dice a Su imagen. Porque fuera de eso
el hombre no puede, ni debe formarse imagen de Dios alguna". En una
carta a su esposa, que Friedrich escribe en 1822 cuando estaba pasando
una temporada en el campo, dice: "Al atardecer salgo al campo con el
firmamento sobre mí y en torno mío los verdes campos y
los verdes árboles, y no estoy solo, porque Aquel que
creó Cielo y Tierra, está conmigo y me protege",
Friedrich, quien apenas escribía, decía también:
"Cierra tu ojo físico a fin de ver tu cuadro en el eje del
espíritu, luego conduce a la luz del día lo que has visto
en tu noche con el fin de que su acción se ejerza sobre otros
seres del exterior". O sea desde el paisaje hacia la
interiorización, y aquí entra esta frase que luego Carus
expresó más claramente: "El pintor no debe pintar
unicamente lo que ve ante él, si no ve nada en él que
renuncie a pintar lo que ve fuera, de lo contrario sus cuadros se
parecerán a los biombos tras los cuales no podemos encontrar mas
que la enfermedad o la muerte. Dios está en todas partes, en el
más pequeño grano de arena, y yo quise representarlo un
día también en el cañaveral". Este es pues el
sentido de la pintura de Friedrich, que he de confesar encuentro
bastante semejante al sentido de la pintura de la Hermandad
Pictórica.
El paisaje parado, el paisaje
inmóvil, en contraposición con el paisaje movido que ha
sido uno de los grandes descubrimientos de la pintura occidental a
partir del Renacimiento, que en realidad, creo yo, es Giorgione el
primero que lo descubre cuando desfasa, desenfoca ligeramente los
bordes de los objetos que representa al aire libre para darnos una idea
de la fugacidad de la luz y de su transformación. Eso
llegará hasta el "impresionismo" con una nitidez y con una
sensibilidad tal que Shisley, que ha sido seguramente el más
puro de los "impresionistas", decía que no podía pintar
un tema más de media hora porque el tema había cambiado
totalmente, porque la luz había cambiado, y tenía que
esperar a que otro día saliese el sol a la misma hora para
seguir pintando. Esto es exactamente lo contrario de lo que Friedrich
buscaba y de lo que la Hermandad Pictórica busca en nuestros
días. Los "impresionistas", y en general los paisajistas, tratan
de captar lo fugaz, la nieve que se funde, la hoja que se mueve, la
nube que pasa, la luz que varía, el movimiento de la ola como
Monet. ¿Ven ustedes las olas, los reflejos que hay en estos
cuadros?, ¿Ven ustedes este puente en una inmovilidad absoluta?
Se trata de anular el tiempo, de anular esta idea de que el paisaje, la
representación de lo externo al hombre, tiene que estar en
relación con la fugacidad del hombre mismo, y que el paisajista
lo que tiene que captar es precisamente la vida, la vida que pasa. Para
ellos, la vida no pasa, la vida queda petrificada, mineralizada, queda
cristalizada; ese instante convertido en Eternidad de una manera
semejante a como lo hacen los pintores orientales, o como lo hacen los
pintores románticos alemanes.
Por eso admiran ellos a los
pintores de iconos, porque evidentemente, los pintores de iconos han
anulado el espacio y el tiempo desde siempre. Pero claro, con estos
ellos tienen, yo creo, una profunda diferencia, y es que los que
pintaron iconos en el siglo IV de nuestra era, estaban inventando una
expresión del espacio alejada del tiempo, una especie de espacio
metafísico, un espacio celeste. Pero realmente, el pintor de
iconos de nuestro tiempo que repite por enésima vez, por
diezmillonésima vez, el icono que han pintado sus antepasados,
no creo que esté inventando nada. Acabo de regresar de Rusia y
he estado viendo muchos iconos de los que se ven en las iglesias del
siglo XIX, el pintor se limita normalmente a repetir exactamente el
modelo que tiene y, por lo demás, la iglesia Ortodoxa
jamás hubiera permitido que el pintor de iconos innovase.
Tenemos aquí en España un icono greco-ruso que es muy
venerado, la Virgen del Perpetuo Socorro, que se llama en Rusia la
Virgen de Vladimir. Imagínense ustedes que una devota encargara
en una tienda de objetos sacros, una Virgen del Perpetuo Socorro y la
hicieran mirando a otro lado o con el niño en otra postura,
diría "No, ésta no es la que yo quiero, la Virgen del
Perpetuo Socorro ha de estar exactamente en la misma postura".
Así es la pintura de iconos, por eso creo que hay que admirarla
en nuestros días mucho menos de lo que se podía admirar
cuando se empezó a tratar de crear este espacio totalmente
separado del tiempo, ese espacio místico que vemos antes que en
los iconos en las decoraciones murales, en los grandes mosaicos
bizantinos.
Tiempo de reflexión,
en lugar de ser un instante de orgía visual, un instante de
excitación o de inexpresión, es un tiempo, una especie de
ansia de Eternidad reflexiva, casi un neoplatonismo, puesto que la
mirada y la luz se consideran como una especie de enviados de Dios, y
la manera en la que estos pintores se acercan a Dios, en esta especie
de misticismo "sui generis" es, creo yo, a través de esta obra
visual que la Naturaleza les ofrece, a través de la mirada que
es, como decían los platónicos florentinos de
Renacimiento, el instrumento del Intelecto divino. Decían que
los elegidos comprenden con la mirada, su lenguaje es el lenguaje de la
mirada, la mirada es lo que nos hace comprender inmediatamente.
Querría terminar con
algunas citas más de Novalis, otro gran escritor alemán:
"Soñamos
con viajar por los
espacios cósmicos, pero ¿acaso no están en
nosotros?, ignoramos las profundidades de nuestra alma, la misteriosa
senda va hacia dentro; en nosotros o en parte alguna se halla la
Eternidad con sus dos mundos, lo pasado y lo futuro".
Ello, para Novalis, desemboca
en una armonía entre el hombre y la naturaleza que llama estimun, empleando la palabra
musical acorde, el acorde musical entre
dos tonalidades o dos instrumentos se llama estimun, y él
habla del acorde entre el alma y la naturaleza llamándola
así. La acústica del alma es todavía un campo
oscuro pero que acaso algún día será importante.
Heggel, también
alemán, escribe un poema del que extraigo estos versos:
El sentir se diluye en la
contemplación,
lo que yo
llamaba mío, ya no existe.
Hundo mi
yo en lo Inconmensurable.
Soy en
ello,
Todo soy,
Soy
sólo Ello.
Creo que todas estas cosas no
están muy desplazadas para decirlas delante de esta admirable
colección de imágenes que ven ustedes colgadas en las
paredes. Imágenes de anonadamiento, de ensimismamiento, de
petrificación del tiempo que he tratado de señalar y que,
a mi modo de ver, puedo equivocarme, corresponden a lo que yo siento
delante de esta pintura.
Hay algo que colabora
también de una manera más o menos impensable pero real,
es la luz de Aragón, la veía esta tarde al venir en el
tren y entrar en los valles del Jalón viniendo de Madrid. Esta
luz que es al mismo tiempo suave, puesto que es una luz de
otoño, pero de una precisión absoluta, que nos revela
cada detalle, sin que el detalle tome primacía sobre la
generalidad de la obra. Esto, creo, también ha colaborado en el
concepto, sobre todo cuando se trata de algunos paisajes inspirados en
espectáculos de la montaña aragonesa. Realmente la
pintura de montaña hay que hacerla como la haría
Friedrich o como lo hizo Ferdinand Hodler en Suiza con un sentido
místico. La montaña es muy traidora, no sólo en el
sentido de que uno puede resbalarse y caerse como les pasa a los pobres
serpas, sino que es muy traidora en el sentido de que puede convertirse
en tarjeta postal inmediatamente, si nos descuidamos. Su grandeza es
tal que reducida a los límites de un cuadro pequeño puede
terminar siendo bonito lo que en realidad es sublime o grandioso, y
esto la Hermandad ha sabido vencerlo con una manera y con una habilidad
verdaderamente extraordinaria, en todo, porque estos cuadros,
pudiéramos decir como dijo Oscar Wilde ironizando sobre una
exposición, "están totalmente pintados a mano". Realmente
están totalmente pintados, en el sentido de que son obra de
artesanía cuidadísima en la que no se ha descuidado nada;
para un tema se elige un formato, una técnica, se elige el color
y la manera de aplicarlo. Estos pintores, como ustedes pueden ver por
la obra gráfica, conocen las técnicas y los efectos de la
grafía, de la litografía, de la serigrafía, de la
xilografía, del dibujo, de una manera total y absoluta. En este
aspecto son también muy de taller antiguo, de taller medieval o
del Renacimiento.
Son unos pintores que no se
avergüenzan en absoluto de ser artesanos y cuyas obras, como digo,
están hechas con un primor extraordinario pensando siempre en
revelar lo que se proponen de la manera más exacta posible. Un
tema que como ven ustedes queda siempre como una cristalización
perfecta, entramado en un signo gráfico que es al mismo tiempo
la mejor manera de representar el reflejo, la hierba, la nube, pero, al
mismo tiempo, interesante en sí mismo como grafía; vean
ustedes por ejemplo como están los árboles de ese cuadro,
sacando un enorme partido de la disociación de las tintas. En
este aspecto, en muchos casos, se acercan no al impresionismo sino al
"post-impresionismo", en muchos casos, creo yo, están más
o menos influidos por Seurat o Signac cuando, por el llamado
"puntillismo", de deshacer, de emplear colores primarios y su
combinación en la pupila, y no en la paleta, traban de conseguir
una impresión más fresca.
Hay en ellos también,
en esa perfección tan dura y al mismo tiempo tan tierna del
espectáculo exterior, una relación, creo yo, con la
cámara oscura y especialmente con la que empleaba Veermer de
Delft, es decir con esta manera de enfocar el cuadro de modo que nos
quede, casi incluso, como la refracción de la lente al borde de
la imagen luminosa, es todo lo contrario de lo que trataba de hacer la
pintura, podríamos decir, de tipo "europeo-impresionista",
puesto que lo que consiguen con ello es esta sensación de
inmovilidad absoluta, esta especie de misterio como de la Divinidad
bajo apariencias cotidianas, este anonadamiento dentro de ese espacio
Zen casi panteísta, medio franciscano, esa intemporalidad
extraordinaria.
Novalis escribía a
fines del XVIII, en 1797:
"El
arte de la observación
silenciosa, de la contemplación creadora del mundo es
difícil. Su realización nos exige una incesante y seria
reflexión y una severa sobriedad, y su recompensa no será
el aplauso de los contemporáneos, que rehuyen el esfuerzo, sino
tan sólo la alegría de saber y de velar el íntimo
contacto con el Universo".
Ellos citan, en una de esas
citas que ponen en sus obras, el caso del abad del monasterio de Leire,
el abad Virila, quien un día salió del convento,
quedó en el huerto oyendo como cantaba un ruiseñor y
cuando volvió no conoció a nadie. Los frailes que estaban
no eran los que él había dejado, y es que había
pasado trescientos años oyendo cantar al ruiseñor, sin
darse cuenta de que la eternidad era eso, esa especie de canto de
ruiseñor.
Ellos lo citan, porque
realmente le va muy bien a este ensimismamiento, a esta pintura
absolutamente atemporal, una pintura, como ven ustedes, en la mayor
parte de los casos crepuscular, puesto que el crepúsculo
matutino o vespertino es el momento del día en que parecemos
tocar un poco lo que es la Eternidad, el momento en el que da la
sensación de que hay como una transparencia en la
atmósfera y en el mundo que nos hace creer que hay algo
permanente dentro de esta enorme fugacidad que es nuestra vida y
nuestras preocupaciones.
Ellos citan también un
versículo del Corán:
"Todo
lo que allí veis
desaparecerá, la Faz de tu Señor permanecerá plena
de majestad y de gloria".
Es decir, que siempre detrás de estas imágenes ellos ven
esta existencia de Dios. Y decía Novalis, y con esto termino:
"Lo
que es visible puede contener lo
Invisible, lo audible puede contener los Inaudible, lo palpable lo
Impalpable y, quizás también, lo pensable puede contener
lo Impensable."
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